Las ovejas que, en un principio, huyen como pueden de las máquinas esquiladoras se someten finalmente al hombre. Este juego de sumisión y fuerza se repite, una y otra vez, como si asistiéramos al ensayo de la coreografía perfecta.
Ésta, como muchas de las otras actividades diarias en el campo, corren el peligro de extinguirse como lo hiciera, en la zona, la trashumancia hace unos pocos años. José Antonio, su familia y los demás vecinos del pueblo de Villacarli son portadores de una herencia de tradición, sabiduría y respeto por la naturaleza, legado de un trabajo que es, en definitiva, una forma de vida.



















2 comentarios:
Increíble las luces, desde la primera foto me atrapo.
me encanto el nombre que da titulo a la serie también.
un saludo
vato
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